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Más larga que un día sin pan, así ha sido la jornada de hoy. Además de la espera en los aeropuertos (por cierto, que en los dos viajes llegamos al destino antes de lo previsto) tuvimos otro tiempo muerto ya programado: aterrizamos en Moscú a las 5:30 de la mañana pero hasta las 13:30 no nos pudieron recibir en la oficina de AIPAME.

El chófer nos dejó en un lugar del centro de la ciudad y … ¡ a buscarse la vida ! Lo primero una cafetería para entonar el cuerpo con algo calentito. Encontramos una bastante bien surtida de dulce y salado; lo que nos llamó la atención fue una avena con leche (kasha) que, luego supimos, también desayunan los peques. Afortunadamente en la bandeja venía un plano de la ciudad y así pudimos situarnos: estábamos a 10 minutos de la Plaza Roja. Allá que nos fuimos.

¡ Vaya diferencia ! Fue otra manera de ver el recorrido de nuestro anterior viaje, entonces nevado. El ambiente estaba muy animado, con grupos de asiáticos que seguían como corderitos al estandarte que los guiaba por allí. Los jardines estaban preciosos y hasta pudimos echar un pigazín en un banco. A la hora de comer cogimos un bocata y nos sentamos con vistas a la Catedral de San Basilio y de espaldas al Kremlin. Todo un lujo.

Llegó la hora de ir hasta la oficina: allí nos informaron sobre lo que vamos a hacer estos días y también sobre algo que AIPAME nos había adelantado en España antes de salir. Desde el día 3 de julio ha cambiado la legislación rusa en materia de adopción. Lo más noticioso es que prohíben la adopción a parejas homosexuales pero también introduce otras modificaciones; en concreto, reducen el tiempo de espera para que se haga firme la sentencia: de 30 días pasan a 10 (aunque se puede ampliar cinco más a criterio del juez). Al ser algo tan reciente la administración rusa está muy revuelta y, por lo que nos han comentado aquí, hasta que no concluya nuestro juicio no sabremos si la jueza nos aplicará o no está nueva norma.

A las 15:30 salimos en dirección a Smolensk acompañados de dos viejos conocidos: Olga, nuestra traductora, y el conductor. Como el viaje anterior a ratos fuimos amodorrados y otros disfrutamos de un paisaje ahora pletórico de verdes.

Después de casi siete horas de viaje (salir de Moscú resulta todo un poema y el conductor no pasó de setenta) ya estamos instalados en el hotel (distinto al anterior; éste es un poco kitch) Durante la cena Olga nos orientó sobre lo que debemos hacer en el juicio (tiene bastante experiencia en la región y precisamente con las personas que van a estar presentes)

Mañana veremos a Tatiana, la representante de AIPAME en Smolensk, que nos informará al detalle de cómo se van a desarrollar los próximos tres días. Y lo más importante, podremos ver de nuevo a los peques. Seguro que han crecido un montón. Nos dormimos pensando que todo va a ir bien: durante el viaje, una cigüeña se posó al borde de la carretera.

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