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En este segundo viaje a Smolensk nos hospedamos en el Hotel Koleso. Por todo lo sucedido será un lugar que guardaremos para siempre en nuestra memoria. Pero por sí mismo merece la pena. La decoración es un poco peculiar: el maniquí que hay en la entrada resulta inquietante, el comedor tiene un atípico ambiente tropical (cocoteros y plataneros artificiales, una pecera) y las habitaciones están decoradas de una modo llamativo (la nuestra, con dos murales inmensos) El desayuno buffet es excelente; la carta es bastante completa y los platos están muy bien preparados. Todo muy limpio y ordenado. Y la relación calidad/precio, bárbara. Una pega: no hay ascensor.

Para el tercer viaje, repetimos.

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